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Con pocas fuerzas, pero con fe

Llega un momento en la vida espiritual donde debemos aprender a depender verdaderamente de Dios y no de nuestras propias fuerzas. No se trata de esperar a sentirnos completos, preparados o valientes; se trata de avanzar con lo poco que tenemos. Así como Dios le dijo a Gedeón: “Ve con estas tus fuerzas”, también hoy nos invita a movernos con lo que está en nuestras manos. A veces creemos que necesitamos más recursos, más apoyo o más seguridad, pero el cielo está esperando una decisión. Porque siempre será mejor una acción imperfecta que un pensamiento brillante que nunca se ejecuta.


La historia de Gedeón comienza en medio del miedo y la opresión. Israel sembraba, trabajaba y cosechaba, pero cada vez que llegaba el tiempo de recoger el fruto, los madianitas venían y lo robaban todo. Era un ciclo constante de esfuerzo sin recompensa, de trabajo sin disfrute, de sacrificio sin descanso. Esa dinámica produce algo muy peligroso: fatiga emocional. No es solo cansancio físico; es ese agotamiento interno que te hace cuestionar si vale la pena seguir intentándolo. Es el desgaste de luchar año tras año sin ver cambios visibles.


Sin embargo, en medio de esa realidad, Gedeón toma una decisión diferente. Aunque comenzó lleno de miedo, decidió creerle a Dios. Reunió un ejército de 33,000 hombres, pero Dios lo redujo primero a 10,000 y luego a solo 300. Humanamente hablando, aquello no tenía sentido. Cada reducción parecía debilitar más sus posibilidades. Pero el propósito de Dios no era que la victoria dependiera de la cantidad, sino de la obediencia. A veces Dios permite que los recursos disminuyan para que la fe aumente.


En Jueces 8:4 encontramos una frase poderosa: “cansados, pero todavía persiguiendo”. Esa expresión resume la esencia de la madurez espiritual. No dice que no estaban agotados. No dice que no sentían el peso de la batalla. Dice que, a pesar del cansancio, seguían avanzando. Esa es la diferencia entre rendirse y perseverar. Hay momentos donde no avanzas porque te sientes fuerte; avanzas porque estás convencido. No caminas porque no duela, sino porque sabes que la promesa es más grande que tu agotamiento.


Tal vez hoy te sientes cansado, menospreciado o reducido en recursos. Tal vez el ejército que pensabas tener se ha hecho más pequeño de lo que imaginabas. Pero si Dios te dio una palabra, también te dará la fuerza interna para completarla. Cansado, sí. Pero todavía persiguiendo. Todavía creyendo. Todavía avanzando. Porque cuando decides moverte con las fuerzas que tienes, Dios se encarga de multiplicar el resultado. Y al final, no será tu resistencia la que contará la historia, sino la fidelidad de Aquel que te llamó.


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