Confiar en Su tiempo
- Pastor Otoniel Font

- 2 days ago
- 2 min read
Una de las preguntas más comunes en la vida de fe es: si Dios puede hacerlo, ¿por qué no lo hace ahora? Sabemos que Él es omnipotente, que no hay nada imposible para Él, que tiene el poder de cambiar cualquier situación en un instante. Sin embargo, cuando la respuesta no llega, cuando el milagro se tarda o cuando la puerta no se abre, comenzamos a cuestionar. No dudamos de Su poder, pero sí de Su proceder. Y es ahí donde debemos entender una verdad fundamental: Dios no solo es poderoso, también es soberano.
La soberanía de Dios implica que Él no solo tiene la capacidad de hacer algo, sino la autoridad y la sabiduría para decidir cuándo y cómo hacerlo. No se trata simplemente de que Él pueda, sino de que Él sabe. Sabe el momento exacto, la forma correcta y el proceso necesario. Si el Espíritu Santo se hubiera derramado antes del tiempo establecido, no se habría cumplido el propósito completo ni las profecías que ya estaban determinadas. Dios no trabaja por presión humana, trabaja por diseño divino. Y ese diseño siempre es perfecto, aunque no siempre sea inmediato.
El problema es que, en los tiempos de espera, nuestra mente comienza a jugar en nuestra contra. Aparece una especie de “tortura mental” donde empezamos a sobrepensar, a comparar, a cuestionar y a desesperarnos. Los periodos de aparente inactividad crean un vacío interno que no siempre sabemos manejar. Nos sentimos estancados, sin avance, sin dirección clara. Y en ese espacio, es fácil perder la paz si no tenemos una base sólida de confianza en Dios.
Parte de ese conflicto viene de que hemos aprendido a definir nuestra identidad por lo que hacemos. Nos sentimos valiosos cuando producimos, cuando avanzamos, cuando vemos resultados. Pero cuando todo se detiene, cuando no hay movimiento visible, comenzamos a sentir que perdemos propósito. Sin embargo, Dios usa esos momentos para enseñarnos que nuestra identidad no está en nuestras acciones, sino en nuestra relación con Él. No somos lo que hacemos; somos lo que Él dice que somos.
Aprender a esperar es una de las lecciones más profundas y más difíciles de la vida espiritual. No es una espera pasiva, es una espera activa en fe. Es confiar aun cuando no entendemos, es descansar aun cuando queremos correr, es creer que Dios está obrando incluso cuando no vemos evidencia. Porque al final, no se trata de si Dios puede hacerlo, sino de confiar en que Él lo hará en el momento correcto. Y cuando ese momento llegue, entenderemos que la espera no fue un atraso, fue preparación.




Comments