Haz Lo Que Él Diga
- Pastor Otoniel Font

- Jun 2
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Dios no siempre nos guía por caminos que entendemos, pero sí por caminos que cumplen Su propósito. María es uno de los ejemplos más poderosos de una persona que decidió confiar completamente en la voluntad de Dios. Cuando el ángel le anunció que sería la madre del Salvador, ella pudo haber cuestionado, resistido o exigido explicaciones. Sin embargo, su respuesta fue sencilla y profunda: “Hágase conmigo conforme a tu palabra”. Esa actitud de rendición abrió la puerta para que el plan divino se desarrollara en su vida. María entendió que el propósito de Dios era más importante que su comodidad, sus planes personales o las opiniones de los demás.
Después de aceptar el llamado de Dios, su vida no se volvió más fácil; al contrario, comenzó un proceso lleno de movimientos inesperados. Tuvo que enfrentar la incertidumbre de cómo reaccionaría José, viajar a Belén en circunstancias difíciles, huir a Egipto para proteger a Jesús y luego regresar nuevamente a Israel. Cada paso requería obediencia. Cada cambio demandaba confianza. Dios la impulsaba constantemente hacia nuevos lugares y nuevas temporadas. Lo impresionante es que María y José nunca aparecen negociando con Dios ni intentando imponer sus condiciones. Simplemente respondían con obediencia a cada dirección que recibían.
Muchas veces queremos que Dios nos impulse hacia algo nuevo, pero seguimos intentando controlar el proceso. Oramos pidiendo puertas abiertas, oportunidades y milagros, mientras insistimos en que todo ocurra según nuestro plan. Sin embargo, el impulso divino llega cuando dejamos de presionar a Dios y comenzamos a confiar en Él. Hay momentos en los que la mayor demostración de fe no es pedir más fuerte, sino rendirse más profundamente. Es decir: “Señor, llévame donde Tú quieras, enséñame lo que debo hacer y ayúdame a obedecer aunque no lo entienda completamente”. Esa disposición transforma nuestra relación con Dios y nos coloca en posición para experimentar Su dirección.
La historia de las bodas de Caná refuerza esta verdad. Cuando faltó el vino, María no intentó explicar el milagro ni buscar una solución lógica. Tampoco les dijo a los sirvientes que hicieran lo que tuviera sentido o lo que les resultara cómodo. Sus palabras fueron simples: “Hagan todo lo que Él les diga”. Lo interesante es que la instrucción de Jesús parecía absurda desde una perspectiva humana. Llenar tinajas de agua no tenía ninguna relación lógica con producir vino. Pero el milagro ocurrió precisamente porque hubo personas dispuestas a obedecer antes de comprender. La obediencia abrió el camino para que el poder de Dios se manifestara.
Hoy la misma invitación sigue vigente para nosotros. Tal vez Dios te está llamando a dar un paso que todavía no entiendes, a tomar una decisión que parece incómoda o a confiar en medio de circunstancias inciertas. El secreto no está en entender todos los detalles, sino en mantener la actitud de María: “Hágase conmigo conforme a tu palabra”. Cuando aprendemos a vivir de esa manera, dejamos de caminar guiados únicamente por nuestra lógica y comenzamos a ser impulsados por la dirección de Dios. Y cuando Él impulsa una vida, la lleva exactamente al lugar donde Su propósito puede cumplirse de la manera más extraordinaria.



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