Lo que pudiste obtener
Hay momentos en la vida en los que Dios nos llama a dejar atrás aquello que conocemos para caminar hacia algo que todavía no podemos ver. El joven rico se encontró precisamente frente a esa decisión. Jesús le dijo que dejara todo lo que tenía y que lo siguiera, pero aquella invitación implicaba soltar algo que para él representaba seguridad, estabilidad y control. Él sabía exactamente lo que tenía en sus manos, pero no podía ver lo que había delante de él. Por eso decidió regresar a lo conocido. Muchas veces nosotros hacemos lo mismo: preferimos aquello que podemos controlar antes que confiar en aquello que Dios está haciendo. Lo conocido puede parecer más seguro simplemente porque ya sabemos cómo funciona, pero no necesariamente significa que sea donde Dios quiere que permanezcamos.
Lo interesante de esta historia es que el joven rico sabía perfectamente a lo que regresaba. Regresaba a sus riquezas, a su posición, a sus posesiones y a la vida que ya conocía. No estaba caminando hacia algo incierto; estaba regresando a algo que podía identificar y medir. Sin embargo, precisamente ahí estaba el costo de su decisión. Él podía calcular lo que estaba dejando, pero no podía calcular lo que estaba perdiendo. Cuando Jesús habló acerca de aquellos que habían dejado casa, familia y posesiones por causa del evangelio, declaró que recibirían mucho más, tanto en esta vida como en la venidera. El joven rico vio lo que tenía que entregar, pero no alcanzó a comprender la magnitud de lo que podía recibir al confiar en Cristo. A veces nuestra mayor pérdida no es aquello que dejamos, sino aquello que nunca llegamos a experimentar porque decidimos volver atrás.
Esto también nos enseña que la fe siempre tiene un elemento de confianza. No significa que Dios nos esté prometiendo riquezas materiales a cambio de seguirlo, ni que toda obediencia producirá inmediatamente recompensas visibles. Significa que Dios es digno de confianza aun cuando no podemos ver el resultado final. El joven rico quería asegurarse de conservar lo que ya tenía, mientras Jesús lo estaba llamando a confiar en Él. Y esa es una tensión que todos enfrentamos: ¿voy a vivir basado en lo que puedo ver o voy a caminar basado en lo que Dios ha dicho? La fe no consiste en saber todos los detalles del camino; consiste en conocer a Aquel que nos llama a caminar. Cuando nuestra seguridad está puesta únicamente en lo que poseemos, cualquier llamado de Dios que implique soltar algo se convierte en una amenaza. Pero cuando nuestra seguridad está en Cristo, podemos abrir nuestras manos y confiar en que nuestra vida no depende de aquello que estamos soltando.
Quizás hoy estás frente a una decisión parecida. Tal vez Dios te está invitando a dejar una relación, una comodidad, una manera de pensar, una dependencia, un plan personal o algo que se ha convertido en tu seguridad. No significa que todo lo que tienes deba desaparecer, sino que nada puede ocupar el lugar que solamente le corresponde a Dios. El problema del joven rico no era simplemente que poseía riquezas; el problema era que sus riquezas habían llegado a poseer su corazón. Por eso, cuando tuvo que escoger entre conservar aquello que tenía o seguir a Jesús, terminó regresando a lo conocido. Hay decisiones que parecen pequeñas en el momento, pero pueden determinar hacia dónde se dirige nuestra vida. Podemos regresar a lo que conocemos porque nos resulta familiar, o podemos confiar en Dios aun cuando no conocemos todo lo que viene.
Aquel joven supo exactamente a lo que regresó, pero nunca supo lo que pudo haber obtenido si hubiera decidido confiar en el Señor. Esa es una de las partes más profundas de esta historia: conocemos el costo de soltar, pero no siempre conocemos el fruto de obedecer. Quizás no podamos ver hoy todo lo que Dios puede hacer con una vida rendida a Él. Quizás no podamos entender cómo una puerta que se cierra, una etapa que termina o algo que debemos entregar puede formar parte de su propósito. Pero nuestra confianza no debe depender de tener todas las respuestas. Podemos decir: “Señor, aunque no sé qué viene, confío en Ti”. Porque cuando seguimos a Cristo, no estamos cambiando lo conocido por la incertidumbre; estamos entregando nuestro control al Dios que conoce perfectamente nuestro futuro. No vivas solamente aferrado a lo que sabes que tienes hoy. Confía en el Señor y permite que Él te muestre lo que nunca habrías podido descubrir si decidías regresar atrás.





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