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¿Qué te lo impide?

hace 3 días
3 min de lectura

Hay una pregunta que todos deberíamos hacernos con honestidad: ¿qué te impide hacer hoy lo que sabes que tienes que hacer? Muchas veces pasamos demasiado tiempo pensando en lo que queremos cambiar, en las decisiones que debemos tomar y en las cosas que soñamos alcanzar, pero cuando llega el momento de actuar, encontramos una razón para detenernos. Nos convencemos de que todavía no es el tiempo, de que necesitamos más preparación o de que las circunstancias tienen que ser diferentes. Sin darnos cuenta, podemos pasar meses y hasta años esperando el momento perfecto, mientras la vida sigue avanzando. La pregunta no es solamente qué quieres hacer con tu vida, sino qué te está impidiendo dar el paso que necesitas dar hoy. A veces, la respuesta que buscamos no está en nuestras circunstancias, sino en nuestros propios temores, inseguridades y excusas.


Pensemos, por ejemplo, en una persona que lleva años trabajando en un lugar donde no se siente feliz. Cada mañana se levanta sin entusiasmo, pasa el día quejándose de su trabajo y regresa a su casa con frustración. Sin embargo, cuando piensa en la posibilidad de hacer algo diferente, inmediatamente aparecen las preguntas: ¿cómo voy a pagar mis cuentas?, ¿qué pasará si no consigo otro empleo?, ¿y si las cosas no salen como espero? Esas preguntas son válidas, porque la responsabilidad es importante y las decisiones deben tomarse con sabiduría. Pero hay una diferencia entre actuar responsablemente y permitir que el miedo decida por nosotros. No siempre será necesario renunciar de inmediato; quizás el primer paso sea prepararnos, ahorrar, capacitarnos o buscar nuevas oportunidades. Lo importante es dejar de utilizar las dificultades como una razón para permanecer inmóviles y comenzar a construir, con responsabilidad, el camino hacia aquello que necesitamos cambiar.


Muchas veces queremos una vida diferente, pero seguimos tomando las mismas decisiones, manteniendo los mismos hábitos y alimentando los mismos pensamientos. Queremos resultados nuevos sin estar dispuestos a salir de nuestra zona de comodidad. Sin embargo, el cambio requiere acción. En Santiago 2:17 se nos recuerda que la fe, si no tiene obras, está muerta en sí misma. Esto no significa que podamos controlar todos los resultados ni que cada decisión vaya a salir exactamente como esperamos. Significa que nuestra confianza en Dios también debe reflejarse en la manera en que respondemos a lo que tenemos delante. Podemos orar por una oportunidad y, al mismo tiempo, prepararnos para recibirla. Podemos pedir dirección y dar pasos sabios conforme a lo que vamos entendiendo. Podemos confiar en la provisión de Dios sin utilizar esa confianza como excusa para evitar nuestras responsabilidades. La fe no elimina la necesidad de actuar; nos ayuda a caminar con confianza, aun cuando no conocemos todos los detalles del camino.


También debemos reconocer que, en ocasiones, lo que nos detiene no es la falta de capacidad, sino el miedo a equivocarnos. Nos preocupa lo que otras personas puedan pensar, nos asusta comenzar desde cero y nos inquieta la posibilidad de fracasar después de haberlo intentado. Pero ¿cuánto nos cuesta permanecer en el mismo lugar solamente para evitar el riesgo de cambiar? El temor puede hacernos imaginar decenas de escenarios negativos antes de dar siquiera el primer paso. Por eso necesitamos aprender a distinguir entre una advertencia que nos invita a actuar con prudencia y un miedo que nos paraliza. Proverbios 16:3 nos exhorta a encomendar nuestras obras al Señor. Podemos presentarle nuestros planes a Dios, pedirle sabiduría, evaluar las consecuencias y avanzar con humildad. No tenemos que resolverlo todo en un solo día, pero sí podemos comenzar por hacer aquello que está a nuestro alcance. Una conversación pendiente, una solicitud de empleo, una decisión postergada o un hábito que necesitamos abandonar pueden ser el comienzo de una nueva etapa.


Hoy es un buen momento para examinar nuestro corazón y responder con sinceridad: ¿qué me está impidiendo hacer lo que sé que debo hacer? Quizás sea el miedo, la comodidad, la inseguridad, la opinión de los demás o la costumbre de esperar a que todo cambie por sí solo. Sea cual sea la respuesta, no podemos seguir ignorándola si deseamos avanzar. No se trata de tomar decisiones impulsivas ni de abandonar nuestras responsabilidades, sino de dejar de vivir atrapados en la indecisión y comenzar a actuar con propósito, sabiduría y fe. Pídele dirección a Dios, organiza tus prioridades y da el siguiente paso que te corresponde. Tal vez hoy no puedas transformar todas tus circunstancias, pero sí puedes decidir cómo comenzar a enfrentarlas. No permitas que el miedo al mañana te robe la oportunidad de hacer lo correcto hoy. Detente por un momento, sé honesto contigo mismo y vuelve a preguntarte: ¿qué me lo impide y qué puedo hacer hoy para comenzar a cambiarlo?

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