Un amor que se practica
- Pastor Otoniel Font

- 4 days ago
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La Palabra de Dios nos enseña que amar al Señor no debe ser un acto ocasional, sino un estilo de vida que se refleje en cada momento del día. En Deuteronomio encontramos la instrucción de hablar constantemente de Sus mandamientos: al levantarnos, al acostarnos, mientras caminamos y en cada actividad cotidiana. Esto demuestra que nuestra relación con Dios no puede limitarse a un servicio dominical o a unos minutos de oración, sino que debe acompañarnos en cada decisión, conversación y pensamiento. Cuando el amor por Dios ocupa el primer lugar en nuestro corazón, comenzamos a vivir de una manera diferente, permitiendo que Su Palabra dirija nuestros pasos.
Jesús resumió toda la ley en dos grandes mandamientos: amar a Dios con todo nuestro corazón, con toda nuestra alma y con toda nuestra mente, y amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos. Estos principios no son simplemente frases para memorizar; son verdades que deben gobernar nuestra conducta. Cada vez que enfrentamos una situación difícil, una injusticia o una tentación de reaccionar según nuestras emociones, debemos recordar estas palabras. Ellas nos ayudan a responder con sabiduría, gracia y dominio propio, aun cuando las circunstancias parezcan invitarnos a hacer lo contrario.
La vida diaria constantemente pone a prueba nuestro carácter. En medio del tráfico, cuando alguien nos falta el respeto, en el trabajo cuando enfrentamos personas difíciles o cuando aparecen oportunidades que podrían alejarnos de nuestra comunión con Dios, es precisamente ahí donde debemos recordar lo que Su Palabra dice. No se trata únicamente de conocer un versículo, sino de permitir que ese versículo transforme nuestra reacción. Amar a Dios significa honrarlo con nuestras decisiones, y amar al prójimo implica responder con paciencia, misericordia y respeto, incluso cuando sentimos que otros no lo merecen.
También debemos cuidar nuestras prioridades. Muchas veces llegan compromisos, proyectos o actividades que parecen importantes, pero poco a poco comienzan a desplazar nuestra vida espiritual. Sin darnos cuenta, dejamos de congregarnos, de servir, de buscar a Dios y de fortalecer nuestra relación con Él. Es en esos momentos cuando debemos detenernos y recordar cuál es el fundamento de nuestra vida. Ningún éxito, responsabilidad o compromiso puede ocupar el lugar que solo Dios merece. Permanecer cerca de Él siempre traerá dirección, fortaleza y propósito para cada etapa de nuestra vida.
Que estas palabras permanezcan grabadas en nuestro corazón todos los días: amar a Dios por encima de todas las cosas y amar a los demás como Él nos ha amado. Cuando hacemos de este mandato nuestra forma de vivir, nuestras acciones comienzan a reflejar el carácter de Cristo en el hogar, en el trabajo, en la iglesia y en cualquier lugar donde estemos. Más que repetir un versículo, el desafío es vivirlo. Allí es donde nuestra fe deja de ser solo conocimiento y se convierte en un testimonio que impacta la vida de quienes nos rodean y glorifica el nombre de Dios.




EL PRIMERO Y EL POSTRERO PARA MI VIDA Y LA VIDA DE MI FAMILIA ERES SOLAMENTE TÚ AMADO PADRE CELESTIAL, EL PRIMER GRAN MANDAMIENTO QUE NOS DEJÓ NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO, Y EL SEGUNDO: AMAR A MI PRÓJIMO COMO A MI MISMO
TODA LA GLORIA Y TODA LA HONRA PARA TI AMADO PADRE CELESTIAL
AMÉN 🙏😘🙏