Atrévete
- Pastor Otoniel Font

- May 6
- 3 min read
Hay momentos en la vida donde Dios pone delante de nosotros oportunidades que parecen demasiado grandes para nuestras capacidades. Muchas personas sienten el deseo de orar por alguien enfermo, de levantar a alguien que está pasando por un momento difícil o de tomar una decisión importante en su vida, pero se detienen por miedo. Piensan que no tienen suficiente preparación, que no saben las palabras correctas o que alguien “más espiritual” debería hacerlo. Sin embargo, cuando Dios te coloca en un lugar específico, no es casualidad. Él no se equivoca al escoger a quién usar. Si llegaste a ese momento, a esa conversación o a esa oportunidad, es porque el cielo confía en que puedes obedecer. La fe no siempre comienza con seguridad; muchas veces comienza con un simple paso de valentía.
Hay quienes esperan años por una señal extraordinaria mientras las oportunidades pasan frente a ellos diariamente. La realidad es que Dios muchas veces se mueve a través de momentos sencillos y puertas inesperadas. A veces la oportunidad no llega envuelta en perfección, sino disfrazada de reto, presión o incertidumbre. Por eso hay personas que nunca avanzan: porque analizan demasiado y actúan muy poco. El temor paraliza sueños, ministerios, negocios y llamados. Pero aquellos que entienden que cada oportunidad puede convertirse en una plataforma de crecimiento son los que terminan viendo resultados extraordinarios. Dios honra a quienes se atreven a moverse aun cuando no tienen todas las respuestas.
Una de las grandes claves del crecimiento en cualquier área de la vida es aprender a aprovechar las oportunidades. No todos serán los primeros escogidos, no siempre tendrás el escenario perfecto y muchas veces llegarás cuando otros dijeron que no. Pero eso no significa que tu momento tenga menos valor. Hay personas que desperdician bendiciones porque están demasiado enfocadas en el orgullo. En cambio, los que prosperan entienden que lo importante no es cómo llegaste al lugar, sino qué haces cuando llegas allí. Cuando te abren una puerta, aunque sea la última opción, debes entrar dispuesto a dar lo mejor de ti. Muchas historias de éxito comenzaron con alguien que simplemente decidió aparecer, aceptar el reto y aprovechar el momento.
La expansión nunca ocurre solamente por talento; ocurre también por disposición. Existen personas muy talentosas que nunca avanzan porque viven esperando condiciones perfectas. Mientras tanto, otros con menos experiencia alcanzan grandes cosas porque tuvieron la valentía de actuar. Cada invitación aceptada, cada mensaje predicado, cada oportunidad tomada y cada paso de fe abre nuevas puertas. Lo que hoy parece pequeño puede convertirse mañana en algo que impacte miles de vidas. Nadie imagina hasta dónde puede llegar una decisión de obediencia cuando está guiada por Dios. Lo importante es entender que las oportunidades no siempre vuelven dos veces y que el miedo jamás debe tener más fuerza que el propósito.
Hoy más que nunca necesitamos personas que se atrevan. Personas que oren aunque sientan nervios, que emprendan aunque tengan dudas, que sirvan aunque no se sientan completamente listas y que crean que Dios puede usarlas donde están. Tal vez no seas el primero en la lista, tal vez llegaste después que otros, pero eso no limita lo que Dios puede hacer contigo. El cielo no busca perfección; busca disponibilidad. Cada oportunidad aprovechada puede convertirse en una historia de impacto, crecimiento y transformación. Así que la próxima vez que Dios ponga algo delante de ti, no retrocedas esperando que otro lo haga. Atrévete a creer, atrévete a actuar y atrévete a aprovechar la oportunidad que Dios puso en tus manos.




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