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TĂș eres el milagro


Dios no solamente hace milagros a travĂ©s de personas; muchas veces, el primer milagro que Él realiza es la propia persona. TĂș eres la obra mĂĄs extraordinaria de sus manos. Nada en la creaciĂłn tiene el valor eterno que tiene un ser humano delante de Dios. Él no dio su vida por montañas, ocĂ©anos o estrellas, aunque todo eso fue creado por Él. Él entregĂł su vida por ti, en medio del pecado, en medio de la debilidad, y aun asĂ­ decidiĂł amarte lo suficiente como para habitar dentro de ti. Esa es la prueba mĂĄs grande de tu valor: Cristo en la cruz no fue por la creaciĂłn, fue por la redenciĂłn de tu vida.


El problema es que muchas veces no entendemos esa realidad. Vivimos como si fuéramos comunes, como si no tuviéramos propósito, como si nuestra existencia no cargara con un peso eterno. Y cuando una persona no reconoce su valor, deja de vivir con intención. Empieza a conformarse con menos, a conformarse con sobrevivir, cuando en realidad fue creada para impactar, para trascender, para reflejar la gloria de Dios. El cielo no te ve como alguien perdido entre la multitud, sino como alguien con propósito asignado.


La Escritura dice que en Dios vamos a hacer proezas, como declara el Salmo 60:12. Pero muchas veces nos preguntamos por qué no vemos esas proezas con la misma intensidad de antes. Tal vez la respuesta no es que Dios haya cambiado, sino que la forma de los retos también ha cambiado. No todos estån llamados a enfrentar un Goliat físico, pero todos enfrentan gigantes internos: miedo, ansiedad, duda, identidad rota, decisiones difíciles. Y en esos escenarios también Dios sigue mostrando su poder.


Cuando leemos la Biblia y creemos que David venciĂł a Goliat, que NoĂ© construyĂł el arca, o que JesĂșs convirtiĂł el agua en vino, aceptamos esos milagros como hechos reales. Pero la pregunta incĂłmoda es por quĂ© creemos con tanta facilidad en los milagros del pasado y dudamos del poder de Dios en el presente. La fe no deberĂ­a limitarse al recuerdo de lo que Dios hizo, sino extenderse a la expectativa de lo que Él sigue haciendo hoy. El mismo Dios que actuĂł ayer sigue siendo el mismo hoy.


Y aquĂ­ es donde todo cambia: cuando entiendes que tĂș eres el milagro, empiezas a vivir como alguien que fue diseñado con propĂłsito. Dejas de pensar en limitaciones y comienzas a caminar en identidad. Porque si Dios ya hizo lo mĂĄs grande al salvarte y darte vida, entonces no hay obstĂĄculo que sea mĂĄs grande que su poder actuando en ti. No eres un accidente ni un espectador; eres evidencia de que Dios todavĂ­a escribe historias vivas con personas reales.


Iglesia Fuente de Agua Viva Carolina, PR • 1 787-321-8888

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