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No Vivas por la Evidencia


La vida está llena de momentos inesperados, de noticias difíciles y de circunstancias que parecen derrumbarlo todo en un instante. En esos momentos, las emociones se descontrolan y el miedo intenta tomar el control de nuestros pensamientos. Por eso es tan importante tener a alguien a nuestro lado que, aun cuando por dentro también esté luchando, pueda mantener la calma y recordarnos que la tormenta no será para siempre. Dos personas desesperadas difícilmente encontrarán una salida. Siempre se necesita una voz de fe, una persona que diga: “Tranquilo, esto también pasará. Nos levantaremos. Lo resolveremos. Dios sigue teniendo el control”.

Muchas veces, Dios usa a las personas que están cerca de nosotros para sostenernos cuando nuestras fuerzas se debilitan. Son esos amigos, familiares o mentores que nos obligan a mirar la evidencia correcta. Mientras nosotros solo vemos la crisis, ellos nos recuerdan las veces que Dios ha sido fiel, las puertas que se han abierto antes y los milagros que ya hemos experimentado. Sin embargo, cuando el dolor es muy grande, tendemos a aferrarnos más a las malas noticias que a las promesas de Dios. Nos quedamos mirando la “túnica llena de sangre”, como Jacob, convencidos de que todo terminó y de que no hay esperanza.

El problema de vivir enfocados únicamente en la evidencia negativa es que terminamos convirtiéndonos en nuestros propios fiscales, jueces y testigos. Nos acusamos a nosotros mismos, emitimos sentencias de derrota y presentamos pruebas que respaldan nuestros temores. Empezamos a creer que nada cambiará, que nuestros mejores días quedaron atrás y que nuestros sueños murieron para siempre. Y poco a poco dejamos de esperar, dejamos de creer y dejamos de vivir con propósito. Lo más peligroso de una crisis no es la situación en sí, sino permitir que ella determine nuestra visión del futuro.

La historia de Jacob nos enseña esta realidad de manera dolorosa. Él pasó años sin sueños, sin visiones, sin metas y sin deseos de seguir adelante porque aceptó una evidencia que no era toda la verdad. Vivió consumido por una pérdida que creía definitiva, sin saber que Dios todavía estaba obrando detrás de escena. ¡Qué triste es vivir así! Existir sin esperanza, caminar sin expectativa y despertar cada día pensando que ya nada bueno puede suceder. Muchas personas siguen respirando, pero por dentro han dejado de soñar hace mucho tiempo.

Mi oración hoy es que no permitas que la evidencia negativa tenga la última palabra en tu vida. Que no te conviertas en el fiscal de tu derrota ni en el juez de tus circunstancias. Levanta tus ojos y recuerda todo lo que Dios ha hecho antes, porque el mismo Dios que obró ayer sigue trabajando hoy, incluso cuando no lo puedes ver. No permitas que una temporada difícil mate tus sueños, tus metas o tu deseo de seguir adelante. La historia no termina con la túnica llena de sangre; Dios siempre tiene una segunda parte preparada para aquellos que deciden volver a creer.

Iglesia Fuente de Agua Viva Carolina, PR • 1 787-321-8888

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