Arriesgando Todo por Dios
- Pastor Otoniel Font

- 3 days ago
- 2 min read
Muchos creyentes llegan a la iglesia con una carga pesada de experiencias pasadas, pensando que su historia los define y limita. Sin embargo, la verdad es que el pasado no se puede cambiar, ni tampoco el lugar donde nacimos o las circunstancias que nos tocaron vivir. Lo que sí está en nuestras manos es el futuro, las decisiones que tomamos hoy y cómo elegimos caminar con Dios. Cada paso de obediencia nos acerca más a la prosperidad espiritual y al propósito divino que Dios tiene para nuestra vida. La bendición de Dios comienza a manifestarse cuando decidimos progresar con fe, con determinación y con un corazón dispuesto a servirle en todo.
La verdadera prueba de la fe no se ve en lo que poseemos, sino en lo que estamos dispuestos a entregar y a arriesgar por Dios. Tener éxito material o disfrutar de comodidades no significa automáticamente que estemos honrando a Dios; la gloria no está en mostrar lo que tenemos, sino en lo que podemos hacer con ello para cumplir Su propósito. La pregunta que todo creyente debe hacerse es: ¿estaré dispuesto a arriesgar lo que tengo, incluso aquello que me da seguridad, para obedecer a Dios plenamente? Es en ese nivel donde la fe se transforma y la obediencia se vuelve un acto de verdadero sacrificio y amor a Dios.
Al llegar a ese punto, entendemos que nuestra vida ya no es solo para nosotros. Cada decisión firme, cada paso de valentía y cada acción que tomamos tiene un impacto en quienes nos rodean: nuestra familia, nuestra comunidad, nuestro trabajo y nuestro entorno. Dios no nos llama a la comodidad ni a vivir tranquilos; nos llama a servir, a liderar y a ser luz donde otros aún caminan en oscuridad. Reconocer esto significa abrir la puerta a oportunidades más grandes, donde lo que hemos logrado se convierte en un instrumento para bendecir y transformar vidas.
Hebreos 11 nos habla de los héroes de la fe y nos recuerda que cada uno de ellos enfrentó desafíos enormes, pero eligió la obediencia a Dios por encima de todo. Moisés, por ejemplo, dejó un lugar de comodidad y privilegio para guiar a su pueblo hacia la promesa de Dios. Su historia nos enseña que la verdadera gloria no está en recibir bendición, sino en usar lo que Dios nos da para cumplir Su propósito y bendecir a otros. El éxito espiritual se mide por nuestra disposición a arriesgarlo todo, no por lo que acumulamos para nosotros mismos.
Por último, la vida cristiana es un llamado a la acción. No podemos conformarnos con lo que tenemos ni quedarnos en nuestra zona de confort. Dios nos invita a un nivel más alto de fe, donde la obediencia supera el temor, donde la acción reemplaza la complacencia y donde nuestras decisiones impactan a generaciones. Arriesgar todo por Dios no es un acto de imprudencia, sino de confianza plena en Su propósito y en Su guía. Cuando logramos ese nivel de entrega, cada bendición y cada logro deja de ser solo nuestro y se convierte en un testimonio vivo del poder y la fidelidad de Dios.




Comments