El proceso correcto
Dios quiere llevarte por el proceso correcto. Muchas veces queremos llegar rápidamente al lugar que Dios nos ha prometido, pero no siempre entendemos que antes de llevarnos a un nuevo nivel, Él trabaja en nuestro interior. Hay procesos que no tienen como propósito detenernos, sino prepararnos. Dios quiere llenarnos, transformar nuestra manera de pensar y enseñarnos a hablar desde la perspectiva de la fe. Antes de cambiar algunas circunstancias externas, muchas veces Dios comienza trabajando en nuestra mente, porque una mente renovada puede comenzar a ver lo que antes parecía imposible. Por eso, no debemos despreciar el proceso en el que nos encontramos. Dios puede estar formando en nosotros el carácter, la disciplina, la confianza y la dependencia de Él que necesitaremos para sostener aquello que estamos pidiendo.
Cuando Dios transforma nuestra manera de pensar, también transforma nuestro lenguaje. Lo que creemos termina afectando la manera en que hablamos, decidimos y enfrentamos las circunstancias. Por eso es tan importante permitir que la Palabra de Dios reprograme nuestros pensamientos y nos enseñe a hablar de acuerdo con lo que Él ha dicho. No se trata simplemente de repetir palabras positivas, sino de aprender a creerle a Dios aun cuando nuestros ojos todavía no ven el resultado. La fe nos lleva a declarar que Dios sigue siendo Dios en medio del proceso, que su poder no ha disminuido y que nuestras circunstancias no tienen la última palabra. Cuando nuestra mente comienza a alinearse con la verdad de Dios, dejamos de vivir dominados por el temor y comenzamos a caminar con una confianza diferente. Dios quiere que su Palabra transforme nuestra perspectiva para que podamos enfrentar cada temporada con la certeza de que Él continúa obrando.
Y después de llenarnos y renovar nuestra mente, Dios también quiere enseñarnos a depender del poder de su Espíritu. No podemos cumplir el propósito de Dios únicamente con nuestras propias fuerzas. Necesitamos su presencia, su dirección y su poder. Por eso, detenernos delante de Dios, levantar nuestras manos, respirar profundamente y reconocer su presencia no es simplemente un momento emocional; es una oportunidad para recordar quién está con nosotros. El Espíritu Santo toca, consuela, fortalece, confronta y dirige. Hay momentos en los que no necesitamos otra estrategia, sino volver a la presencia de Dios y permitir que Él ministre a nuestro corazón. Quizás mientras recibías la Palabra ya había algo cambiando dentro de ti. Quizás Dios estaba tocando un área que habías dejado atrás, renovando una esperanza que se había debilitado o recordándote que todavía hay propósito para tu vida. Su presencia nos recuerda que no caminamos solos.
Pero lo que Dios hace en nosotros nunca tiene como único propósito beneficiarnos individualmente. Cuando Dios nos llena, también nos prepara para servir, impactar y llevar su presencia a otros. Por eso, el llamado a las misiones es tan importante. Nuestros jóvenes están siendo enviados a Honduras no solamente para visitar otro país, sino para experimentar lo que Dios puede hacer a través de sus vidas. Servir en las misiones les permite ver realidades diferentes, salir de su comodidad, compartir el evangelio y descubrir que Dios puede usar sus dones, sus palabras, sus manos y su testimonio para bendecir a otras personas. Cada generación necesita experimentar que la fe no se trata solamente de lo que recibimos dentro de la iglesia, sino también de lo que estamos dispuestos a llevar fuera de ella. Cuando sembramos en una misión, cuando apoyamos a quienes están siendo enviados y cuando oramos por ellos, también nos hacemos parte de lo que Dios está haciendo en otros lugares.
Hoy puedes detenerte donde estás y recordar que Dios todavía está trabajando en ti. No importa cuán largo haya parecido el proceso ni cuántas veces hayas pensado que nada está cambiando. Permite que Dios renueve tu mente, corrija tu lenguaje, fortalezca tu fe y llene tu vida con su Espíritu. Cree que las cosas pueden cambiar porque Dios sigue teniendo el control y continúa obrando aun cuando no puedes ver todo lo que está haciendo. Y así como Dios quiere hacer una obra en ti, también quiere hacer una obra a través de ti. Levanta tus manos, adora, respira profundamente y reconoce su presencia. Que tu oración hoy no sea solamente: “Señor, cambia mis circunstancias”, sino también: “Señor, cámbiame, lléname y prepárame para aquello que quieres hacer a través de mi vida”. El proceso no es tiempo perdido cuando Dios está formando en ti lo necesario para cumplir su propósito.





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