Fuerzas para seguir
- Pastor Otoniel Font

- 7 days ago
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Hay momentos en los que el cansancio parece ganar terreno. Nos sentimos agotados física y emocionalmente, y comenzamos a cuestionar si vale la pena seguir persiguiendo lo que Dios puso en nuestro corazón. Pero hay una diferencia entre estar cansado y estar derrotado. Si el cansancio es físico, descansa. Duerme. Detente un momento. Recupera fuerzas. Pero no confundas el agotamiento temporal con el final del propósito. Mañana puede ser distinto. Mañana algo puede cambiar. La esperanza no se abandona por una noche difícil; se alimenta para un nuevo día.
Vivimos en tiempos donde es fácil escuchar voces negativas. Muchos dicen que todo va de mal en peor, que no hay solución, que las cosas no mejorarán. Pero Dios nunca ha perdido el control de la historia. Él siempre tiene a alguien preparado en el lugar correcto y en el momento indicado. Siempre hubo un Moisés cuando el pueblo necesitó liberación, siempre hubo un José cuando se necesitó administración en medio de la crisis. Y cuando menos se espera, Dios levanta a alguien y cambia el panorama. Lo único que necesitamos es la convicción profunda de que Dios lo va a hacer, en nuestra tierra y en nuestra vida personal.
Los procesos toman tiempo. Nada grande se construye de un día para otro. Las pérdidas, las transiciones y los momentos de incertidumbre no significan abandono divino; muchas veces son parte del camino hacia algo mayor. El que desfallece en su interior es aquel que no está dispuesto a esperar con expectativa. Esperar no es cruzarse de brazos; es mantener la fe activa mientras el proceso se desarrolla. Es confiar cuando aún no vemos el resultado final. Es sostener la esperanza incluso cuando el panorama no parece favorable.
Para renovar nuestras fuerzas, necesitamos aprender a hablarle a nuestra propia alma. El Salmo 103 nos enseña algo poderoso: “Bendice, alma mía, a Jehová”. No es una sugerencia, es una orden interna. Hay días en que no sentimos ganas, pero debemos recordarle a nuestra alma quién es Dios y qué ha hecho. Él perdona, sana, rescata, corona de favores y misericordias. Cuando comenzamos a enumerar Sus beneficios, nuestra perspectiva cambia. La gratitud se convierte en combustible para la fe.
El verso cinco declara que Él sacia de bien nuestra boca y nos rejuvenece como las águilas. ¿Cómo ocurre eso? Cuando llenamos nuestra boca con el bien de Dios. Cuando hablamos de Sus promesas, recordamos Sus milagros y saboreamos cada detalle de Su favor diario, desde lo pequeño hasta lo extraordinario. Lo que declaramos influye en nuestra fortaleza interior. Si llenamos nuestra boca de queja, nos debilitamos; si la llenamos del bien de Dios, nos renovamos. Y entonces podemos seguir persiguiendo, seguir creyendo y seguir avanzando, porque nuestras fuerzas no provienen solo de nosotros, sino del Dios que nos sostiene cada día.




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