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No te vas a hundir

hace 6 días
3 min de lectura

Hay historias que nos enseñan más por lo que sucede en un momento de crisis que por lo que ocurre cuando todo marcha bien. Una de las historias más impactantes que se ha contado en el mundo de la música es la del reconocido violinista Isaac Perlman. Perlman enfrentó desde niño las consecuencias de la polio, una condición que afectó su movilidad y que hizo que necesitara muletas para desplazarse. Sin embargo, esas dificultades físicas nunca impidieron que desarrollara un extraordinario talento musical hasta convertirse en uno de los violinistas más reconocidos de su generación. En una de sus presentaciones en el Lincoln Center de Nueva York ocurrió algo inesperado: después de comenzar la pieza, una de las cuerdas de su violín se rompió. El lugar quedó completamente en silencio. Todos esperaban ver qué haría. Cualquiera habría entendido que necesitara detenerse, buscar otro instrumento o cambiar la cuerda antes de continuar. Pero Perlman tomó otra decisión: miró al director y le indicó que siguiera.


Con solamente tres cuerdas, Perlman comenzó a tocar nuevamente. No podía tocar exactamente de la manera en que había planeado, porque el instrumento ya no estaba completo. Sin embargo, en lugar de concentrarse en lo que había perdido, decidió trabajar con lo que todavía tenía. Ajustó su manera de tocar, improvisó y encontró una forma de producir con tres cuerdas aquello que originalmente debía interpretar con cuatro. Lo extraordinario no fue simplemente que pudiera terminar la pieza, sino que pudo transformar una situación inesperada en una oportunidad para crear algo nuevo. Aquella escena nos recuerda una verdad que muchas veces olvidamos: nuestra capacidad de avanzar no depende de tener todo perfecto. Muchas personas pasan demasiado tiempo esperando recuperar lo que perdieron, esperando tener mejores circunstancias, más recursos, más fuerzas, más oportunidades o más fe para entonces comenzar a hacer algo. Pero la vida no siempre nos permite tocar con las cuatro cuerdas. Hay momentos en los que una cuerda se rompe y, aunque no lo hayamos planeado, tenemos que aprender a seguir tocando.


Quizás esa es precisamente la lección que necesitamos llevarnos a nuestra vida espiritual. Muchas veces pensamos que para hacer grandes cosas necesitamos tener una fe enorme, recursos abundantes, todas las respuestas y absolutamente ninguna dificultad. Pero la pregunta no siempre es cuánto tienes, sino qué estás haciendo con lo que todavía tienes. Tal vez hoy sientes que te faltan fuerzas, pero todavía tienes una cuerda. Tal vez atravesaste una decepción, una pérdida, una traición o una temporada de incertidumbre, pero todavía tienes una cuerda. Tal vez miras tu vida y piensas que ya no es como antes, que algo se rompió y que las condiciones que tenías ya no existen. Sin embargo, que una cuerda se haya roto no significa que la música tenga que terminar. Dios puede enseñarte a avanzar de una manera diferente a la que imaginabas. La fe no consiste solamente en esperar tener más; también consiste en aprender a usar correctamente lo que Dios ya puso en tus manos.


Por eso, cuando llegue la próxima dificultad, recuerda esta frase: “Tres cuerdas me quedan, voy a seguir tocando.”Cuando llegue la tristeza, sigue tocando. Cuando alguien te traicione, sigue tocando. Cuando pierdas una oportunidad, sigue tocando. Cuando tengas menos recursos de los que esperabas, sigue tocando. Cuando las circunstancias cambien y no puedas hacer las cosas de la misma manera, sigue tocando. No significa negar el dolor ni fingir que nada ocurrió. Significa decidir que aquello que se rompió no tendrá la última palabra sobre tu vida. Hay personas que abandonan su propósito porque están esperando que vuelva a aparecer la cuarta cuerda. Y mientras esperan, dejan de utilizar las tres que todavía tienen. Pero quizás Dios no te está pidiendo que recuperes inmediatamente lo que perdiste; quizás te está enseñando a descubrir todo lo que todavía puedes hacer con lo que permanece.


No necesitas esperar a tenerlo todo para obedecer, avanzar y construir. Usa la fe que tienes. Usa los recursos que tienes. Usa las oportunidades que tienes. Usa los dones que Dios te ha dado. Si hoy solamente quedan tres cuerdas, toca con tres. Si tienes poco, trabaja con ese poco. Si estás atravesando una temporada difícil, no permitas que la dificultad determine el final de tu historia. Una gran obra puede surgir incluso después de una cuerda rota. Porque la verdadera madurez no se demuestra cuando todo está completo, sino cuando algo falta y aun así decides continuar. Tal vez esta semana no puedas tocar como tocabas antes, pero todavía puedes tocar. Y mientras tengas algo en tus manos, mientras tengas fe para dar un paso más, mientras Dios te dé aliento, sigue tocando.

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