¿A quién admiras?
- Pastor Otoniel Font

- Jan 15
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En la vida diaria, muchas veces nos preguntamos por qué nuestras acciones no reflejan lo que creemos o por qué no logramos vivir según los principios de Dios. El Pastor Otoniel nos recuerda que leer la Palabra y admirar a Dios no debería ser algo difícil. La clave no está solo en conocer la Biblia, sino en contemplarla, dedicarle tiempo y permitir que aquello que admiramos transforme nuestro corazón. Cuando algo capta nuestra atención y nuestra admiración, inevitablemente nos convertimos un poco en eso que contemplamos. Por eso, es fundamental que nuestro enfoque y nuestras miradas estén dirigidas hacia lo que edifica nuestra vida espiritual.
En nuestro país, y en muchas culturas hoy en día, existe una tendencia a crear héroes de manera superficial. Personas que, por razones mediáticas o por necesidades de reconocimiento, son elevadas a un pedestal que no siempre merecen. Esto ocurre porque, como sociedad, necesitamos ídolos, ejemplos a seguir, pero muchas veces elegimos mal. El Pastor Otoniel señala que esta tendencia tiene consecuencias: nos preguntamos por qué vivimos ciertas crisis o dificultades, cuando en realidad nuestra elección de modelos a seguir influye directamente en la dirección de nuestra vida y comunidad.
El ejemplo más claro de esto lo vemos en la historia bíblica de Barrabás y Jesús. La gente eligió celebrar y liberar a Barrabás, mientras rechazaba al verdadero Salvador. Esta historia nos hace reflexionar sobre nuestras decisiones hoy: ¿a quién estamos admirando? ¿A quién estamos siguiendo con nuestra atención, tiempo y afecto? Muchas veces, sin darnos cuenta, elevamos figuras, modas o comportamientos que no nos llevan a ser mejores cristianos, ni nos acercan a Dios. La admiración que dirigimos hacia cosas equivocadas moldea nuestro carácter y nuestro destino espiritual.
El Pastor Otoniel también nos hace un llamado a analizar nuestro entorno y los ejemplos que consumimos. Hoy en día, celebridades y figuras públicas ocupan un lugar importante en nuestras vidas. Mientras más tiempo y atención dedicamos a ellas, más influencia tienen sobre nuestros pensamientos, deseos y prioridades. Sin embargo, si nuestro objetivo es crecer en santidad, carácter y propósito, debemos dirigir nuestra admiración hacia Dios y sus principios. Todo lo que contemplamos con entusiasmo termina moldeando quiénes somos y quiénes llegaremos a ser.
Por último, esta enseñanza nos invita a la introspección: no basta con decir que no admiramos lo que no debemos, sino que debemos ser conscientes de dónde ponemos nuestra atención, tiempo y afecto. Cada día es una oportunidad para elegir bien y para enfocar nuestra mirada en Jesús, quien es el modelo perfecto de vida y conducta. La verdadera transformación comienza cuando nuestros héroes y modelos no son el mundo, sino Dios mismo. La pregunta que queda para cada creyente es clara: ¿a quién admiro y en quién quiero convertirme?




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