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Decisiones que Transforman

En la vida, no todo lo que enfrentamos es producto de nuestra elección. Hay situaciones, momentos y circunstancias que simplemente nos son dadas, y aunque no podamos escogerlas, forman parte de nuestra asignación y llamado en esta tierra. Dios, en su soberanía, pone delante de nosotros experiencias que, aunque difíciles o inesperadas, son necesarias para nuestro crecimiento espiritual y personal. Cada paso que damos, incluso en medio de lo que no controlamos, nos acerca a la misión que Él ha trazado para nosotros.


Existen momentos críticos en nuestra vida en los cuales debemos tomar decisiones firmes, incluso cuando el panorama no está completamente claro. Como aquel hombre del ejército que se encontraba frente a un dilema crucial: tenía el poder del helicóptero, un grupo de soldados bajo su responsabilidad y debía decidir rápidamente. Su decisión, aunque le costó temporalmente, resultó ser la correcta y trajo un bien mayor que él no podía anticipar en ese instante. Esta historia ilustra cómo las decisiones importantes, tomadas con sabiduría y fe, determinan el rumbo de nuestras bendiciones y logros.


Nuestro Señor Jesucristo también nos enseñó sobre la importancia de los momentos de decisión a través del ejemplo del grano de trigo, según Juan 12. Él nos explica que para que algo grande y fructífero ocurra, es necesario sacrificar lo temporal. El grano que muere, aunque parece perderse, termina llevando mucho fruto. De la misma manera, nuestras decisiones basadas en la fe y en el propósito divino requieren dejar atrás lo cómodo o seguro para recibir lo eterno y abundante que Dios tiene reservado para nosotros.


Tomar decisiones basadas en lo que no podemos controlar requiere trascender nuestra propia perspectiva. Debemos entender que toda bendición de Dios está ligada a nuestra disposición para actuar con fe y obediencia. A veces, esto significa arriesgar lo que valoramos, confiar en su guía y aceptar que la recompensa puede no ser inmediata, pero sí segura. La clave está en seguir a Dios en cada paso, aun cuando las circunstancias parezcan desafiantes o inciertas, porque Él siempre tiene un plan perfecto para quienes le obedecen.


Finalmente, Jesús nos llama a ser sus servidores comprometidos, a seguirlo y reflejar su propósito en nuestras vidas. “Si alguno me sirve, mi Padre le honrará”, nos recuerda. Esto nos enseña que la verdadera vida, la vida que produce fruto eterno, no se mide por lo que ganamos o evitamos perder, sino por nuestra fidelidad y disposición para hacer la voluntad de Dios. Cada decisión que tomamos con fe, aun en medio de lo incierto, tiene el poder de transformar nuestra historia y glorificar el nombre del Señor. Por ello, cada momento de nuestra vida, incluso aquellos que no escogemos, es una oportunidad para cumplir nuestro llamado y recibir la bendición prometida.

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