Cuando dar gloria a Dios lo cuesta todo
- Pastor Otoniel Font

- 6 days ago
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Dar gloria a Dios es una expresión que decimos con facilidad, pero que rara vez meditamos en su verdadero peso. Preguntar “¿le quieres dar gloria?” suena inspirador hasta que esa gloria implica soltar, renunciar y dejar de controlar. Nos encanta el mensaje de escoger la bendición, de escoger la vida, de ver resultados visibles y favor inmediato. Sin embargo, cuando escogemos bien delante de Dios, esa decisión no solo trae bendición, también nos eleva a un nivel mayor de responsabilidad espiritual. Dar gloria a Dios no es solo agradecer por lo que recibimos, es honrarlo incluso cuando lo que Él pide nos confronta profundamente.
Cada decisión correcta nos forma y nos posiciona. Escoger bien no es un acto aislado, es un proceso que nos prepara para momentos donde ya no bastará con palabras bonitas o intenciones sinceras. Llega un punto en el caminar con Dios donde Él nos lleva a enfrentar la realidad de ponerlo todo en Sus manos. No una parte, no lo que sobra, no lo que no duele perder, sino todo. Ese momento suele venir en silencio, cuando ya no hay aplausos ni emociones intensas, sino una pregunta clara del cielo: ¿confías en Mí lo suficiente para soltarlo todo?
La historia de Ester capítulo 4 nos presenta uno de esos momentos cruciales. El pueblo de Israel estaba bajo amenaza de destrucción, y el destino de muchos descansaba sobre una decisión. Mardoqueo entiende la gravedad de la situación y le comunica a Ester cada detalle: el decreto, la traición de Amán y el peligro inminente. No era información ligera, era una carga espiritual. Ester no solo era reina, era parte del pueblo, y ese llamado a interceder no venía sin riesgo. Acercarse al rey sin ser llamada podía costarle la vida, pero quedarse en silencio también tendría consecuencias eternas.
Aquí vemos cómo Dios nos posiciona estratégicamente no solo para disfrutar privilegios, sino para asumir responsabilidades. Ester había llegado al reino “para un tiempo como este”, aunque ese tiempo implicara miedo, ayuno y una decisión que podía cambiarlo todo. La gloria de Dios en esta historia no se manifiesta primero en el milagro, sino en la disposición de Ester a ponerlo todo en las manos de Dios. Su obediencia fue el puente entre el peligro y la liberación, entre el silencio y la intervención divina.
Hoy la pregunta sigue siendo la misma. ¿Estamos dispuestos a dar gloria a Dios cuando esa gloria exige sacrificio? ¿Cuando escoger bien nos lleva a una encrucijada donde debemos confiar más allá de lo visible? Dar gloria a Dios no es solo levantar las manos, es rendir el corazón completo. Es entender que cada nivel de bendición trae consigo un llamado mayor, y que cuando ponemos todo en Sus manos, aun el riesgo se convierte en propósito y la obediencia en salvación.




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