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Cuidado con a quién admiras

La admiración es un sentimiento poderoso que puede moldear nuestra vida sin que nos demos cuenta. Todos, en algún momento, admiramos a alguien; celebridades, líderes o incluso compañeros de trabajo. Sin embargo, el peligro está en admirar cualidades que no nos edifican, sino que nos llevan a identificar y fomentar lo peor de nuestra propia naturaleza. El Pastor Otoniel nos recuerda que, muchas veces, admiramos a personas que han dado rienda suelta a sus emociones y deseos más bajos, mostrando un ejemplo que, aunque atractivo, no es digno de seguir.


La sociedad actual está saturada de imágenes y ejemplos de vidas donde el desenfreno y la falta de límites parecen ser sinónimo de éxito. La televisión, las redes sociales y los medios de comunicación nos muestran celebridades que viven sin restricción alguna, y es fácil dejarse llevar por esa ilusión de libertad y grandeza. Pero la verdad es que lo que se admira en ellos es precisamente la manifestación de la baja naturaleza humana que todos tenemos que controlar y superar. La admiración por lo incorrecto puede convertirnos en imitadores de hábitos destructivos, aunque de manera inconsciente.


Como cristianos, debemos ser conscientes de a quién permitimos que influya en nuestra vida. Admirar no es malo en sí mismo, pero cuando la admiración se dirige hacia personas que representan la indulgencia, la rebeldía o la falta de moralidad, se convierte en un riesgo espiritual. Lo que contemplamos eventualmente empieza a moldear nuestra forma de pensar y actuar. El Pastor Otoniel enfatiza que, aunque pensemos que no los admiramos, de alguna manera nuestra mente y corazón quedan expuestos a esos modelos negativos, y eso puede afectar nuestra conducta y nuestras decisiones.


Es fundamental aprender a discernir y elegir modelos de vida que nos eleven y nos ayuden a crecer. La verdadera grandeza no está en la libertad sin control, sino en la capacidad de superar la naturaleza baja y vivir con integridad y propósito. Admiro a quienes, pese a las dificultades, se mantienen firmes en sus valores y reflejan amor, humildad y respeto por los demás. Estas son cualidades que transforman vidas y generan un efecto positivo en quienes nos rodean. La elección de nuestros ejemplos a seguir tiene un impacto directo en nuestra formación personal y espiritual.


En conclusión, la admiración es un arma de doble filo. Puede inspirarnos a ser mejores o arrastrarnos a comportamientos que nos alejan de nuestro propósito. Debemos vigilar a quién admiramos y preguntarnos si su ejemplo nos acerca a la vida que queremos construir o nos aleja de ella. La influencia de quienes contemplamos diariamente puede ser más profunda de lo que imaginamos, y es nuestra responsabilidad elegir sabiamente para que nuestro camino refleje integridad, valores y una vida transformada por lo que verdaderamente importa.


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