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La decisión que define tu futuro


Dios es el único maestro que, antes de examinarnos, nos entrega las respuestas. Nos dice claramente: delante de ti he puesto la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida. No es un examen confuso ni uno lleno de trampas. Es A o B. Es sencillo. Y aun así, una y otra vez, el ser humano insiste en escoger lo contrario. Escogemos B, sabiendo que A es la vida, la paz y la bendición. Luego, después de tomar malas decisiones, regresamos a Dios pidiendo misericordia, como si Él no hubiese sido claro desde el principio. Dios no juega con nosotros; Él nos orienta, nos advierte y nos invita a elegir bien.


Aquí hay una verdad que incomoda, pero libera: Dios desea que prosperes, pero tu prosperidad requiere una decisión tuya. No todo en la vida está fuera de tu control. Hay cosas que no puedes escoger, sí, pero hay muchas otras que sí dependen de ti. La fe no elimina la responsabilidad personal; la activa. Dios pone el camino, pero eres tú quien decide si caminas por él. La prosperidad, el crecimiento y la madurez espiritual no ocurren por accidente, ocurren cuando decidimos alinearnos con lo que Dios ya estableció.


Por ejemplo, tu familia no es determinante para tu futuro. Es influyente, sin duda, pero no determinante. Tú no escogiste la familia en la que naciste, ni las circunstancias iniciales de tu vida. Puedes reconocer el impacto que tuvieron en ti, pero no puedes vivir atado a eso para siempre. Culpar constantemente a la familia por dónde estás hoy es renunciar al poder que Dios te dio para decidir. Tu pasado puede explicar cosas, pero no tiene autoridad para definir tu destino.


En cambio, tus amigos sí son una elección. Las personas que decides tener cerca en el camino que recorres son clave. Ellos pueden impulsarte o retrasarte, edificarte o drenarte, acercarte a Dios o alejarte de Su propósito. Muchas veces nos enfocamos en lo que no podemos cambiar, cuando Dios nos está llamando a asumir responsabilidad sobre lo que sí podemos escoger. Las decisiones relacionales, espirituales y prácticas que tomas cada día van moldeando tu futuro más de lo que imaginas.


El problema no es la falta de oportunidades, es la falta de decisiones responsables. No sabemos escoger con intención para alcanzar todo lo que Dios tiene para nosotros. Dios ya habló, ya mostró el camino y ya dejó clara Su voluntad. La pregunta no es si Él quiere bendecirte; la pregunta es qué estás escogiendo hoy. Porque al final, tu vida no se define por lo que te pasó, sino por lo que decides hacer con lo que Dios puso delante de ti.


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