El evangelio siempre gana
- Pastor Otoniel Font
- 1 day ago
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Es importante entender una verdad que debe quedar firme en el corazón de todo creyente: la Iglesia no va a perder y el evangelio siempre va a ganar. No importa lo que el mundo diga, no importa las corrientes culturales, los sistemas de gobierno ni las opiniones cambiantes de la sociedad. La Iglesia no depende de la aprobación humana para existir ni de la aceptación pública para avanzar. Su fundamento no está en la popularidad, sino en una promesa eterna. A lo largo de la historia, cada intento por silenciarla, debilitarla o detenerla ha terminado demostrando lo contrario: mientras más presión recibe, más se expande su mensaje y más vidas son transformadas.
Antes de profundizar en cualquier debate o preocupación actual, hay dos verdades que deben comprenderse con claridad. La primera es que Dios no comparte Su gloria con nadie. Él puede permitir muchas cosas, puede mostrar misericordia, puede dar oportunidades y extender gracia, pero Su gloria no la negocia ni la delega. Cuando la Iglesia entiende esto, deja de buscar reconocimiento humano y comienza a vivir para exaltar únicamente el nombre de Dios. La segunda verdad es que la Iglesia siempre ha sido y siempre será contracultura. No nació para encajar, nació para transformar. Por eso, la oposición no es señal de derrota, sino evidencia de que su mensaje sigue teniendo poder.
La persecución, la crÃtica y la incomprensión no son fenómenos nuevos. Desde sus inicios, la Iglesia ha caminado en medio de resistencia. Siempre habrá voces que intenten desacreditar la fe, grupos que busquen frenar el avance del evangelio y contextos que parezcan adversos. Sin embargo, la historia demuestra que en los momentos de mayor presión es cuando el mensaje se multiplica con más fuerza. El error está en interpretar la oposición como señal de fracaso, cuando en realidad muchas veces es señal de impacto. La luz incomoda a la oscuridad, y precisamente por eso nunca deja de brillar.
En tiempos de crisis sociales, polÃticas o culturales, muchos creyentes pueden caer en la ansiedad o la desesperación, pensando que todo está perdido. Es válido participar, opinar y defender convicciones, pero no desde una mentalidad de derrota. Cuando se actúa creyendo que la Iglesia depende exclusivamente de decisiones humanas o de resultados polÃticos, se pierde de vista la esencia del evangelio. La primera Iglesia creció en contextos donde no tenÃa respaldo gubernamental, donde era perseguida y marginada, y aun asà se multiplicó de manera sobrenatural. Su fuerza no provenÃa de estructuras externas, sino del poder interno del EspÃritu de Dios.
Por eso, lo primero y más importante en medio de cualquier dificultad es dar la gloria a Dios y mantener una seguridad inquebrantable: el evangelio no retrocede, se expande. La ansiedad colectiva no puede robar la certeza espiritual. Los sistemas cambian, las ideologÃas pasan y las generaciones se transforman, pero el mensaje de Cristo permanece. Nadie puede contra el poder del evangelio ni contra el propósito de Dios. Cuando esta verdad se arraiga en el corazón, el creyente deja de caminar con miedo y comienza a avanzar con convicción, entendiendo que su papel no es defender una derrota inexistente, sino anunciar una victoria que ya fue asegurada.
