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El tesoro dentro de ti

Dios, en su infinita sabiduría, ha decidido depositar su gloria no en recipientes de oro ni en estructuras perfectas, sino en vasijas de barro: frágiles, humanas, comunes y ordinarias. Esa elección no es accidental ni simbólica solamente; es profundamente intencional. Somos personas con limitaciones, con historias marcadas por errores, procesos y luchas internas, y aun así Dios nos escoge para llevar dentro de nosotros lo más valioso: Su presencia y Su poder. No porque seamos suficientes en nosotros mismos, sino precisamente porque no lo somos. En esa fragilidad humana, Dios revela la grandeza de Su gracia y demuestra que lo extraordinario no nace del recipiente, sino de lo que Él decide poner dentro.


El apóstol Pablo lo explica con claridad en 2 Corintios 4:7 cuando afirma que tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios y no de nosotros. Aquí se establece una verdad poderosa: la gloria nunca fue diseñada para apuntar al hombre. Dios pone Su tesoro en lo frágil para que nadie pueda atribuirse el mérito. Cada vez que Su poder se manifiesta a través de una vida imperfecta, queda claro que no es el talento, la fuerza o la capacidad humana lo que produce el resultado, sino el Dios Todopoderoso obrando desde adentro. La vasija no es el centro; el tesoro lo es.


Más adelante, Pablo presenta una lista que describe realidades que todos enfrentamos: atribulados, en apuros, perseguidos, derribados. Estas palabras no niegan la dificultad de la vida cristiana ni maquillan el dolor. Sin embargo, junto a cada una de ellas aparece otra verdad que cambia la perspectiva: no angustiados, no desesperados, no desamparados, no destruidos. Aquí entendemos que existen dos dimensiones coexistiendo al mismo tiempo. Podemos experimentar presión, oposición y golpes, pero no estamos definidos por ellos. La diferencia no está en lo que nos pasa, sino en lo que gobierna nuestro interior.


En ese punto surge una decisión personal e intransferible: ¿a cuál listado vamos a pertenecer? Tal vez no podamos evitar ciertas tribulaciones, pero sí podemos decidir no vivir prisioneros de la angustia. Podemos decir con convicción: estoy atribulado, pero no vencido; estoy en apuros, pero no sin esperanza. Esa postura nace cuando comprendemos que somos vasijas de barro llenas de un tesoro eterno. No negamos la realidad, pero tampoco permitimos que la realidad nos robe la fe. Vivimos desde adentro hacia afuera, no desde las circunstancias hacia el corazón.


Todo esto tiene un propósito mayor: que Dios se lleve toda la gloria. Él te escogió a ti, con tus imperfecciones, tus procesos y tu humanidad, para manifestar Su gloria en tu vida y a través de tu vida. No para exaltarte, sino para revelarse. Cuando Su poder se muestra en medio de nuestra fragilidad, el mensaje es claro para todos: solo Dios pudo haber hecho esto. Que esta verdad quede marcada en el corazón, porque desde aquí parte todo lo demás. Somos vasijas de barro, sí, pero llenas del tesoro más grande que existe.


Iglesia Fuente de Agua Viva Carolina, PR • 1 787-321-8888

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