top of page

Hambre que nace de la admiración

La razón por la que muchas personas no sienten hambre de Dios no es porque Él haya dejado de obrar, sino porque hemos dejado de contemplar. El corazón humano se acostumbra con facilidad a los milagros diarios y, sin darnos cuenta, perdemos la capacidad de asombro. Cuando no admiramos lo que Dios ha hecho, hace y sigue haciendo en nuestra vida, el deseo por Su presencia se debilita. Nadie anhela aquello que no valora, y nadie persigue aquello que no reconoce como esencial. La falta de hambre espiritual no comienza en la ausencia de Dios, sino en la falta de una mirada atenta y agradecida hacia Su obra constante.


Con frecuencia, nuestra búsqueda de Dios se activa solo en medio de los problemas. Cuando llegan las dificultades, queremos Sus beneficios, Su provisión y Su respuesta inmediata, pero no necesariamente queremos Su corazón. Esto revela una relación funcional y no relacional. Buscamos lo que Dios puede darnos, pero olvidamos perseguir a Dios mismo. Cuando no hemos aprendido a admirar cada detalle de Su fidelidad diaria, nuestra fe se reduce a una lista de peticiones y no a una vida de comunión. El problema no es desear bendiciones, sino conformarnos con ellas sin anhelar al Dador.


La admiración es el combustible del hambre espiritual. Cuando miramos nuestra familia, nuestros hijos, nuestro matrimonio, nuestro trabajo y reconocemos que todo es un regalo inmerecido, algo se despierta dentro de nosotros. La gratitud genuina produce reverencia, y la reverencia produce deseo. Decir con honestidad: “Señor, cuán privilegiado soy; no todos tienen esto, y todo lo que tengo proviene de Ti”, transforma nuestra perspectiva. En ese reconocimiento nace un clamor sincero: si Dios ha hecho tanto, entonces yo quiero más de Él, no más cosas, sino más de Su presencia y de Su gloria.


Muchas veces perdemos oportunidades espirituales porque dejamos pasar los momentos de contemplación. Como aquel que no vio el evento original y solo intenta imitar lo que otros vivieron, terminamos haciendo gestos vacíos que no sustituyen una experiencia real con Dios. Imitamos formas, repetimos frases y copiamos actitudes, pero sin la raíz de la admiración todo se convierte en rutina y hasta en un vacilón espiritual. Lo que no se admiró en su momento no puede compensarse después con esfuerzo humano, porque la esencia se perdió al no reconocer la obra de Dios cuando estaba frente a nuestros ojos.


Hoy es el día para volver al centro y decir con convicción: “Señor, quiero más de Ti”. Más de Tu gloria, más de Tu presencia y más de una vida rendida completamente a Tu honra. Vivir para Su gloria implica que dondequiera que vayamos y en todo lo que hagamos, Él sea el enfoque principal. Para llegar a ese nivel, debemos aprender a observar, a detenernos y a contemplar nuevamente lo que Dios está haciendo ahora mismo. El hambre verdadera no nace del vacío, nace de la admiración profunda de un Dios vivo que sigue obrando día tras día.


Comments


Iglesia Fuente de Agua Viva Carolina, PR • 1 787-321-8888

  • Instagram
  • Facebook
  • YouTube
  • TikTok
bottom of page