Tu recompensa viene de Dios
Hay momentos en la vida en los que esperamos que ciertas personas reconozcan nuestro esfuerzo, valoren lo que hemos hecho o respondan de la manera en que nosotros hubiéramos respondido por ellas. Esperamos una palabra de apoyo, una oportunidad, una puerta abierta o simplemente un “gracias” que confirme que todo lo que hicimos valió la pena. Pero no siempre la recompensa viene de las personas que nosotros esperamos. Hay personas que quizás nunca reconocerán lo que hiciste por ellas, otras que no estarán cuando las necesites y algunas que, aun teniendo la oportunidad de ayudarte, decidirán no hacerlo. Sin embargo, eso no significa que Dios haya ignorado tu esfuerzo. Dios ve lo que otros no ven, conoce tus intenciones y sabe cada vez que sembraste aun cuando nadie te aplaudió.
Dios no se queda con nada de nadie. Lo que quizás una persona no pudo darte, lo que alguien decidió no hacer por ti o la puerta que alguien cerró delante de ti no limita lo que Dios puede hacer en tu vida. Nuestra tendencia muchas veces es quedarnos mirando la puerta que se cerró y preguntarnos por qué esa persona no nos ayudó, por qué no nos reconocieron o por qué no recibimos lo que esperábamos. Pero Dios puede estar preparando una respuesta que viene de un lugar completamente diferente. Él puede utilizar a alguien que nunca imaginaste, una oportunidad que no estabas buscando o una conexión que jamás habías considerado. Porque cuando Dios decide bendecir, no depende de que una persona específica cumpla nuestras expectativas.
Por eso, no permitas que la decepción por lo que otros no hicieron te robe la esperanza de lo que Dios todavía puede hacer. Quizás esperabas que alguien te abriera una puerta y esa persona no lo hizo. Quizás necesitabas apoyo y no lo recibiste. Quizás diste mucho en una temporada y sentiste que nadie lo reconoció. Pero tu historia no termina en esa falta. Dios puede traer personas que lleguen en el momento correcto para apoyarte, bendecirte, acompañarte y abrir una puerta que tú jamás pensaste que se abriría. A veces, la respuesta de Dios llega por caminos que no habíamos considerado, precisamente para enseñarnos que nuestra confianza no puede estar puesta completamente en las personas, sino en Aquel que tiene el control de nuestro camino.
También hay una libertad que llega cuando dejamos de vivir esperando que otros nos devuelvan lo que hicimos. Si hiciste el bien, hazlo para Dios. Si sembraste, deja que Dios se encargue de la cosecha. Si serviste, sigue sirviendo. Si ayudaste, no permitas que la falta de gratitud de otros cambie el corazón con el que decidiste hacerlo. Esto no significa ignorar las decepciones ni fingir que no duelen; significa decidir que esas decepciones no tendrán la última palabra sobre tu vida. Dios conoce cada sacrificio, cada oración, cada esfuerzo y cada momento en el que decidiste permanecer firme aun cuando nadie estaba mirando. Y cuando Él determina bendecirte, puede hacerlo de una manera que supere aquello que estabas esperando recibir de una persona.
Así que no te desesperes por lo que otros no te dieron. No te quedes detenido mirando quién te cerró una puerta, quién no te apoyó o quién no reconoció tu trabajo. Mira hacia Dios. Tu recompensa no necesariamente vendrá de la gente que tú esperas, pero puedes confiar en que Dios sigue siendo fiel y puede traer a las personas correctas, las oportunidades correctas y las puertas correctas en el momento correcto. Tal vez la bendición que estás esperando llegue de donde menos lo piensas. Tal vez aquello que parecía una pérdida termine siendo el espacio que Dios utilizó para llevarte a algo nuevo. Sigue caminando, sigue sembrando, sigue confiando. Dios no se ha olvidado de ti y lo que otros no hicieron no determina lo que Dios todavía puede hacer en tu vida.





Comentarios