Vive por Fe
Hay momentos en los que nuestra fe es puesta a prueba porque no vemos resultados inmediatos. Hacemos lo correcto, servimos, esperamos, oramos y seguimos creyendo, pero pareciera que nada está cambiando. En esos momentos es fácil comenzar a mirar hacia los hombres buscando aprobación, reconocimiento o alguna señal que nos confirme que nuestro esfuerzo vale la pena. Sin embargo, Dios nos llama a algo mucho más profundo: aprender a vivir por fe. La fe no depende de lo que nuestros ojos pueden ver, sino de la confianza que tenemos en Aquel que hizo la promesa. Cuando decidimos creerle a Dios aun cuando no entendemos el proceso, dejamos de depender de las circunstancias y comenzamos a descansar en Su fidelidad.
Muchas veces nos desgastamos buscando que otras personas reconozcan lo que hacemos. Esperamos que alguien vea nuestro sacrificio, valore nuestro trabajo, nos abra una puerta o nos dé aquello que creemos merecer. Pero cuando nuestra mirada está demasiado enfocada en el reconocimiento de los hombres, podemos olvidar quién es realmente nuestra fuente. Las personas pueden reconocer nuestro esfuerzo o pueden ignorarlo; pueden ayudarnos o pueden cerrar una puerta. Pero Dios no depende de la aprobación de nadie para cumplir lo que ha determinado hacer en nuestra vida. Por eso, debemos aprender a servir sin necesitar aplausos, avanzar sin necesitar aprobación y obedecer sin exigir que otros entiendan nuestro proceso.
Creerle a Dios también significa confiar en que Él sabe recompensar en el tiempo correcto. No todo lo que hacemos tendrá una recompensa inmediata, y no todo lo que sembramos producirá resultados delante de nuestros ojos. Hay semillas que necesitan tiempo, temporadas que requieren paciencia y procesos en los que Dios está trabajando aunque todavía no podamos ver el resultado final. La fe nos permite continuar cuando no hay reconocimiento, permanecer firmes cuando nadie nos está mirando y seguir obedeciendo cuando todavía no vemos la respuesta. Nuestra seguridad no está en lo que las personas puedan darnos, sino en la fidelidad de un Dios Todopoderoso que conoce nuestras necesidades, nuestras luchas y cada una de las semillas que hemos sembrado.
Por eso, hoy es un buen día para revisar dónde está puesta nuestra confianza. ¿Estamos esperando que una persona nos dé la validación que solamente Dios puede darnos? ¿Estamos condicionando nuestra obediencia a recibir reconocimiento? ¿Estamos permitiendo que la falta de resultados inmediatos nos haga dudar de las promesas de Dios? Vivir por fe significa decir: “No voy a dudar”. Significa continuar creyendo aun cuando el camino no sea claro y recordar que nuestra recompensa no está limitada a lo que podemos recibir de los hombres. Dios puede abrir puertas que nadie puede cerrar, puede proveer de maneras que no imaginamos y puede llevarnos a lugares que nunca hubiéramos alcanzado por nuestras propias fuerzas.
No dejes que la falta de reconocimiento te haga abandonar aquello que Dios puso en tus manos. No permitas que una temporada de espera determine lo que piensas acerca de la fidelidad de Dios. Sigue creyendo, sigue obedeciendo, sigue sembrando y sigue caminando por fe. Tu llamado no es vivir buscando la aprobación de los hombres, sino confiando en Aquel que prometió estar contigo y sostenerte. Cuando tu confianza está puesta en Dios, puedes descansar aun en medio de la incertidumbre, porque sabes que Él es tu proveedor y que Su recompensa es mucho mayor que cualquier reconocimiento humano. Hoy decide creerle a Dios nuevamente. Aprende a vivir por fe y deja que sea Él quien determine el tiempo, la manera y la medida de la provisión que ha preparado para ti.





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