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Una vuelta más


Nunca vamos a saber cuántas cartas pudo haber escrito aquel joven, ni cuántas iglesias pudo haber levantado, ni cuántas vidas pudo haber impactado si hubiese aceptado el llamado de Dios en ese momento crucial. Hay decisiones que, cuando no se toman, cierran capítulos que jamás podremos leer. Sabemos a qué regresó, pero no sabemos hacia dónde iba. Y esa es una de las realidades más fuertes de la vida espiritual: el peligro no siempre está en lo malo, sino en conformarnos con lo conocido y perder lo desconocido que Dios tenía preparado. Muchas veces el llamado de Dios no se rechaza con palabras, sino con silencios, con postergaciones, con un “después” que nunca llega.


Pedro conocía bien las barcas llenas. Sabía cómo volver a ellas, cómo pescar, cómo sobrevivir. Volver a lo conocido siempre ofrece una falsa sensación de seguridad. Si Pedro hubiese decidido regresar a esas barcas, habría sabido exactamente a qué se enfrentaba, pero jamás habría descubierto en quién Dios podía convertirlo. No habría conocido el peso de la autoridad espiritual, ni el privilegio de ser usado como una voz clave en el establecimiento de la Iglesia. Lo cómodo nunca revela lo extraordinario, y lo seguro casi nunca nos muestra el verdadero propósito de Dios.


Por eso tú y yo tenemos que estar dispuestos a que Dios nos dé una vuelta más en la vida. A permitirle que nos saque de lo predecible, que nos mueva, que nos confronte y que nos forme. Lo que Dios está haciendo contigo hoy no es lo último que Dios hará contigo. Cada etapa es solo una parte del proceso, no el producto final. Dios no termina su obra a mitad del camino, pero sí requiere corazones rendidos que confíen aun cuando no entienden completamente hacia dónde los está llevando.


Es importante detenernos y reconocer dónde Dios nos ha traído hasta hoy. Darle gloria por lo que ya ha hecho, por las puertas abiertas, por las batallas superadas y por las lecciones aprendidas. Pero al mismo tiempo, debemos aceptar con humildad que no conocemos todo el plan. No sabemos lo que Dios tiene preparado para los próximos diez o quince años. Y ahí es donde entra la fe madura: estar dispuestos a que Dios nos moldee un poco más, nos empuje un poco más y nos permita atravesar altas y bajas, sabiendo que cada vuelta tiene un propósito eterno.


El gran reto de muchos es que se quedan con lo que ya alcanzaron. Con lo que ya lograron, con lo que ya funcionó una vez. Sin darse cuenta de que Dios todavía quiere hacer mucho más. Ese “mucho más” no siempre será cómodo, ni lineal, ni fácil. Habrá subidas y bajadas, momentos de duda y de crecimiento profundo. Pero al final del proceso, entenderemos que no había manera de lograrlo por nuestras propias fuerzas. Y ahí, y solo ahí, podremos darle toda la gloria a Dios, reconociendo que fue Él quien hizo fuerte Su nombre a través de nuestra debilidad.


Iglesia Fuente de Agua Viva Carolina, PR • 1 787-321-8888

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