Vasijas de barro para Su gloria
- Pastor Otoniel Font

- Feb 4
- 2 min read
Cuando la Biblia habla de una vasija de barro, no se refiere a algo lujoso ni extraordinario. En el contexto bíblico, una vasija de barro era común, frágil, temporal y fácilmente reemplazable. No era un objeto al que se le asignara gran valor; si se rompía, casi nunca se reparaba, simplemente se desechaba. Y es precisamente ahí donde el mensaje se vuelve tan poderoso: Dios decide depositar lo más grande de Él en algo que el mundo considera ordinario. Al compararnos con vasijas de barro, la Escritura nos confronta con una verdad profunda: nuestra fragilidad no limita la grandeza de lo que Dios puede hacer en nosotros ni a través de nosotros.
Dios toma lo que parece débil y sin importancia para revelar Su gloria. No lo hace para exaltar la vasija, sino para que quede claro que el valor está en lo que contiene. Nuestra vida, con todas sus grietas, procesos y limitaciones, se convierte en el recipiente donde Él deposita Su poder, Su gracia y Su propósito. Todo esto tiene una sola intención: Su gloria y Su honra. No se trata de quiénes somos nosotros, sino de quién es Él obrando en nosotros. Esa perspectiva cambia por completo la manera en que nos vemos y la forma en que entendemos nuestro llamado.
Hablar de la gloria de Dios puede parecer un tema espiritual, inspirador y hasta emotivo, pero en realidad es un tema de profunda responsabilidad. Vivir para la gloria de Dios no es solo un concepto bonito que se celebra en la iglesia; es una manera de pensar que transforma cada área de la vida. No se trata únicamente de experimentar momentos intensos, sino de permitir que nuestra mente y nuestro corazón sean alineados con el propósito de reflejar Su gloria de forma constante, práctica y diaria.
Cuando entendemos que todo es para la gloria de Dios, nuestras decisiones comienzan a pasar por un filtro claro y poderoso. Lo que vemos, lo que hablamos, cómo usamos nuestro tiempo, cuáles son nuestras prioridades y hacia dónde dirigimos nuestra energía, todo debe responder a una sola pregunta: ¿esto le da gloria a Dios? Este principio se convierte en una brújula que nos guía, no desde la culpa, sino desde la convicción de que nuestra vida completa puede ser un reflejo de Su carácter y Su verdad.
Por eso, hay ideas que debemos tener siempre presentes, y una de las más importantes es esta: no podemos darle gloria a Dios en todo si no lo admiramos. La admiración produce reverencia, y la reverencia produce obediencia. Cuando realmente admiramos a Dios por quien Él es, vivir para Su gloria deja de ser una carga y se convierte en un privilegio. Somos vasijas de barro, sí, pero llenas de un tesoro eterno que transforma nuestra manera de vivir y le apunta al mundo entero hacia Él.




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